Nuevo Libro de Estilo de El País de España

14 de Octubre de 2014 2:57pm
periodista
Nuevo Libro de Estilo de El País de España

El nuevo Libro de estilo de EL PAÍS, supone una revisión integral del texto vigente hasta ahora, para adaptarlo a los profundos cambios que ha experimentado el trabajo del periodista en los últimos años: la información en Internet, las redes sociales, el manejo de soportes impensables antes para la Redacción de un diario (el vídeo y el audio, por ejemplo), y, por supuesto, todos los cambios registrados por la Academia y por el uso de los hablantes del español: neologismos, nueva ortografía, gentilicios nuevos, topónimos, transliteraciones, femeninos y masculinos, abreviaturas, denominaciones científicas, lenguajes informáticos.

El nuevo mundo que se abre en Internet nos ha obligado también a plantearnos nuevas cuestiones éticas. Por ejemplo, el “derecho al olvido”. Ahora toda información es recuperable en Internet, y eso puede perjudicar de por vida a personas que cometieron algún desliz de juventud, alguna imprudencia de tráfico, algún delito menor… y pueden pagar por ello mucho tiempo después de haber cumplido condena y con mayor coste que la multa impuesta en su momento.

A ese respecto, el Libro de estilo intenta congeniar el derecho a la información y a la documentación con el de cualquier individuo a rehacer su vida o a que se olviden algunos aspectos de su pasado. Y por ello establece estos criterios cuando una persona reclame el borrado de una noticia, crónica o reportaje veraz que afecte a su imagen:

1.- Nunca se producirá el borrado de los archivos digitales de EL PAÍS, pero se puede considerar la posibilidad de ocultar esa información a los buscadores de Internet.

2.- La información debe haber sido publicada más de 15 años atrás respecto del momento en que se reclama su borrado.

3.- La información ha de perjudicar a la persona reclamante en su vida familiar o profesional.

4.- No se considerarán las reclamaciones que afecten a hechos que figuren en sentencias firmes de los tribunales de justicia y se refieran a actos de violencia.

Entre otros aspectos vinculados a las nuevas tecnologías, el manual de EL PAÍS regula también el uso de la cámara oculta (ahora posible para elpais.com). Un apartado específico indica, entre otras cuestiones: “EL PAÍS trabajará con el sistema de cámara oculta solamente cuando ése sea el último recurso posible para obtener una información de indudable interés general, y siempre que ningún periodista haya suplantado una personalidad ajena, que no se allanen lugares privados y que no se vulnere el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen”.

“El uso legítimo de la cámara oculta (grabar hechos delictivos en la vía pública, por ejemplo, para su denuncia por impunidad o falta de vigilancia; sin que el periodista intervenga en ellos o los provoque) deberá preservar en todo caso”, añade, “la identidad de las personas o entidades implicadas, y no ofrecer datos que conduzcan a ellas”.

 Redacción de EL PAÍS

El Libro de estilo incluye 119 términos relacionados con Internet y la informática, la mayor parte de ellos neologismos. Esa lista no tiene carácter exhaustivo, lógicamente (pues no se trata de un diccionario específico de esa materia), pero sirve para establecer las analogías necesarias ante nuevas voces de formación semejante que puedan presentarse (ya se trate de anglicismos, galicismos, tecnicismos, palabras procedentes de siglas o de abreviaciones, marcas comerciales, etcétera).

Entre esos términos figuran por ejemplo ‘apli’ y ‘aplis’, que pueden usarse en cursiva como acortamiento de “aplicación”. O ‘attachment’, que debe sustituirse por “anexo” o “documento adjunto”.

En la mayoría de los casos, el Libro de estilo explica el origen de los vocablos y razona la decisión adoptada al respecto. Así sucede por ejemplo en ‘banear’, que se relaciona con to ban en inglés y que entronca con las raíces españolas de “bandido” y del verbo “bandir” (proscribir). El “bandido” era denunciado a su vez en un “bando”, acción con la cual quedaba proscrito. La vulneración del “bando” degeneraba precisamente en “contrabando”. Por tanto, una persona baneada en un foro de Internet o una empresa a la que se retira su enlace con buscadores o navegadores son una persona o una empresa “proscritas” o, si se requiere más precisión, ‘ciberproscritas’. También se recomiendan como alternativas españolas a ‘baneado’ los términos “excluido”, “sancionado”, “despedido” o “vetado”.

El Libro de estilo aporta normalmente palabras españolas como recambio de los tecnicismos y anglicismos que tantas barreras levantan entre los especialistas y el público en general. Para ello recomienda acudir con frecuencia al elemento compositivo ‘cíber’, procedente de la palabra de origen griego ‘cibernética’ (“el arte de navegar”). En la actualidad, ese elemento indica “relación con redes informáticas” y es una forma clara —y no excesivamente violenta para la lengua— de marcar ciertos conceptos cuando se aplican al mundo de Internet. Así pues, se recomienda su uso como prefijo cuando una palabra esté referida a ese terreno: cibercafé, cibernauta, ciberespacio, cibercharla, cibermensaje, ciberlibro, cibercorreo, ciberbuzón, etcétera.

Muchas de las decisiones o recomendaciones de esta obra son discrecionales, por supuesto. Se trata de establecer un estilo para un medio en concreto, que se autorregula de ese modo, no de dictar normas para el público en general. Ahora bien, todo el libro está enfocado a facilitar la comunicación con un público lo más amplio posible y a garantizar el uso respetuoso de los potentes medios tecnológicos que el periodista tiene en su mano.

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